Gaudí en Buenos Aires

“No hay Sueños Imposibles”, esta frase quedo plasmada en una de las cúpulas mas hermosas de Buenos Aires, situada en un edificio que se encuentra a pasos del Congreso de la Nación y que muchos desconocen.

Fue construido en el año 1907 por el Ingeniero Eduardo Rodriguez Ortega, en la esquina de Rivadavia y Ayacucho, en el mismo se puede ver la influencia del arquitecto español Gaudí y el modernismo Catalán en uno de sus máximos exponentes en Buenos Aires.

Construido como un edificio de Rentas, en la planta baja posee un gran local comercial, 4 plantas de departamentos, terraza y una gran cúpula que posee tres niveles que culminan con un cupulín y una construcción con forma de cebolla, rematada con una veleta de hierro. Y para que ese ensamble con el cielo sea completo, en el último nivel existe un gran telescopio destinado a cualquier soñador nocturno que quiera regodearse mirando estrellas.

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El paso del tiempo y el olvido, dejaron prácticamente en el abandono a esta joya arquitectónica de la cuidad, con su cúpula prácticamente destruida, sin ese brillo de principios de siglo pasado y dejada a los avatares del clima, estuvo a punto de desaparecer. Pero en 1999 una empresa privada adquiere la propiedad para su restauración, fue el arquitecto Fernando Lorenzi, quien usó 952 piezas de vidrio espejado para cerrar todas las aberturas. Y rescató las ornamentaciones, réplicas exactas de la famosa Casa Battló, que hasta incluyen algunas chimeneas que muestran siluetas de guerreros.

También se trabajó y se mantuvo casi intacto el revoque original que era de piedra parís y se agregaron dos elementos que no desentonan y rinden un indirecto homenaje a Gaudí: un escudo de Catalunya y una frase escrita en catalán que afirma “No hi ha somnis impossibles” (No hay sueños imposibles). La frase tiene mucho del espíritu de aquella anécdota que cuentan sobre Gaudí cuando en 1883 presentó su proyecto para la basílica La Sagrada Familia en Barcelona, una obra aún en construcción. Le dijeron “eso le va a llevar muchos años” y el respondió: “Puede ser, pero mi cliente (Dios) tiene todo el tiempo del mundo”.

El homenaje porteño al genial arquitecto también incluye dos réplicas hechas a escala de la conocida Puerta del Dragón. Realizadas en hierro, las réplicas tienen el mismo diseño que Gaudí hizo para la finca Güell. Las de Buenos Aires se destacan en la terraza del edificio de Ayacucho y Rivadavia. También, como parte de la restauración se hizo especial hincapié en la iluminación por lo que, cada noche, tanto el edificio como la cúpula se lucen como corresponde. Claro que en un día de sol y con la luz natural aquello alcanza un grado casi sublime.

Si le gusta salir a caminar por Buenos Aires y mirar para arriba deténgase un segundo en la esquina de Rivadavia y Ayacucho, mire hacía el cielo y descubra que NO HAY SUEÑOS IMPOSIBLES.

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