Gato y Mancha, dos caballos que hicieron historía

En 1925 un joven Suizo llamado, Aimé F. Tschiffely, tuvo la idea de mostrar la fortaleza de los caballos criollos realizando uno gran proeza, ir a caballo desde Buenos Aires hasta Nueva York.
Para poder cumplir su sueño antes que nada se reunió con el Dr Emilio Solanet, experto criador y padre de la raza criolla, en su campo “El Cardal” en Ayacucho Provincia de Buenos Aires, quien decidió apoyarlo en su sueño regalandole dos caballos Mancha de 15 años y Gato de 16.
El inexperto jinete partió el 25 de Abril de 1925 desde la Sociedad Rural Argentina en la Ciudad de Buenos Aires, no sin antes ser tirado al suelo por Mancha y causar la risa de todos los presentes que no pensaban que podía llegar a cumplir su sueño.

“Desde los primeros días advertí una real diferencia entre sus personalidades. Mancha era un excelente perro guardián: estaba siempre alerta, desconfiaba de los extraños y no permitía que hombre alguno, aparte de mí mismo, lo montase… Si los extraños se le acercaban, hacía una buena advertencia levantando la pata, echando hacia atrás las orejas y demostrando que estaba listo para morder… Gato era un caballo de carácter muy distinto. Fue domado con mayor rapidez que su compañero. Cuando descubrió que los corcovos y todo su repertorio de aviesos recursos para arrojarme al suelo fracasaban, se resignó a su destino y tomó las cosas filosóficamente… Mancha dominaba completamente a Gato, que nunca tomaba represalias”

Durante el viaje cruzaron varias veces la Cordillera de los Andes y fue en esos cruces donde mayores dificultades encontraron. El escabroso terreno se eleva a más de 5.500 m y la temperatura llega a -18 °C mientras que en el desierto Peruano las temperaturas llegaban a los 52 grados centigrados.
Al llegar a México comenzó a recibir homenajes en cada pueblo, lo que en cierta forma impacientaba a Tschiffely, que al no poder avanzar en su viaje, tuvo que por momentos tener que viajar de noche para evitar retrasos.
Finalmente el 22 de Septiembre de 1928 Aime ingresaba a Nueva York a través de la 5ta Avenida en compañía de su fiel amigo Mancha. Gato no pudo acompañarlos, debió quedarse en México porque había sido lastimado por una mula.

El largo viaje  les demandaría tres años y cinco meses, recorrieron un total de 21.500 km de distancia entre Buenos Aires Y New York, conquistando así el record mundial de distancia ecuestre.
Retornaron a Buenos Aires el 20 Diciembre de 1928, luego de haber forjado una increíble amistad y cumplido el sueño de recorrer toda América. Ese día fue declarado por el Congreso de la Nación el “Día Nacional del Caballo”.
Años después de culminada la travesía y de regreso en Argentina, Aimé concurre a la estancia El Cardal a visitar a sus amigos, a quienes hacía mucho que no veía, y con quienes compartió tantos momentos de alegría y sinsabores. Se baja en la entrada de la estancia, lanza un silbido y al momento se le acercan al trote Gato y Mancha. Iban al encuentro de su preciado compañero. Aquellos heroicos caballas criollos no lo habían olvidado.
Mancha y Gato murieron en 1947 y 1944, a los 40 y 36 años de edad. Fueron cuidados hasta su muerte por el paisano Juan Dindart, en la estancia El Cardal. Hoy se encuentran embalsamados, en exposición en el Museo de Transportes del Complejo Museográfico Provincial “Enrique Udaondo” de la Ciudad de Luján.

Embalsamados en el Museo Enrique Udaondo de Luján.

Embalsamados en el Museo Enrique Udaondo de Luján.


El amor de Aime por sus caballos queda reflejado en estas hermosas palabras,

“Mis dos caballos me querían tanto que nunca debí atarlos, y hasta cuando dormía en alguna choza solitaria, sencillamente los dejaba sueltos, seguro de que nunca se alejarían más de algunos metros y de que me aguardarían en la puerta a la mañana siguiente, cuando me saludaban con un cordial relincho.”

Aimé Tschiffely, en tanto, siguió viajando, por la Patagonia, España e Inglaterra, pero siempre volvió a la Argentina. Falleció en 1954. Su último viaje lo realizó el 22 de febrero de 1998, cuando sus cenizas abandonaron el cementerio de Recoleta y fueron sepultadas en el campo que su amigo Solanet tenía en Ayacucho

Varios Monumentos recuerdan la hazaña realizada por estos caballos y Aime.

Varios Monumentos recuerdan la hazaña realizada por estos caballos y Aime.

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