Graf Zeppelin y su aventura sobre Buenos Aires

El Graf Zeppelin fue un gran dirigible Alemán de comienzos del Siglo XX.  Voló por primera vez en 1928 y fue la mayor aeronave de su tiempo, con una longitud de 236 metros y un volumén de 105.000 m³ y podía realizar una carga de 60 toneladas.

Su armazón era de duraluminio, estaba dividida en 17 secciones intercomunicadas por pasillos y cubierta con tela de algodón de alta resistencia. La barquilla, situada debajo del fuselaje y hacia proa, contenía el puesto de mando, estación radiotelegráfica, salón de estar, comedor de pasajeros, cocina eléctrica, bodega para equipajes, carga y correo, recinto aislado para que los fumadores pudiesen satisfacer su vicio, servicios sanitarios y diez camarotes, dispuestos para albergar a dos personas cada uno y separados por tabiques de lona recubierta de tela de tapicería. Además, en el mismo recinto, flanqueado por grandes ventanales, se hallaba el alojamiento de los tripulantes.

A partir de 1936 realizaba viajes regulares de carga y correo entre Alemania y Sudamérica.

Entre sus proezas se destacan una vuelta al mundo en la que tardo 21 días y recorrió 34.600 Kms. y un viaje al Ártico cuyos gastos de exploración se cubrieron con la venta de sellos postales.

El 30 de Julio de 1934 el Graf Zeppelin llegaba a Buenos Aires en horas de la madrugada. Apenas asomó el primer rayo del sol, el dirigible apagó su poderoso reflector, dejó atrás el río y se dedicó a avanzar sobre nuestra ciudad, el mismo era escoltado por aviones militares y civiles, escalonados a respetuosa distancia.

Aterrizó en Campo de Mayo a las 8:47 am, recargo sus tanques de agua, su capitán saludo a la multitud que allí estaba presente, intercambiaron corrrespondencia y se embarcaron varios pasajeros; entre ellos, y en calidad de invitados especiales, los aviadores navales tenientes de fragata Edgardo J. Bonnet y Ezequiel del Rivero, y los pilotos militares capitanes Juan Elías y Pedro Castex Lainfor.

Despego a las 9:47 am, volvió a sobrevolar la ciudad y se perdió en el Río de la Plata, rumbo a Montevideo, para nunca mas volver.

La desgracia ocurrida casí tres años después en las afueras de New York con el dirigible Hindenburg, hermano gemelo del Zeppelin, puso fin al dominio de los dirigibles en los cielos del mundo.  A las 19:25, mientras el Hindenburg ya había largado los amarres y se acercaba a la torre, se observó a popa un destello de Fuego de San Telmo, que son chispas extensas e inermes de electricidad estática, había una tormenta eléctrica y el aire estaba cargado eléctricamente. Repentinamente, se prendió fuego en la parte superior de la popa, extendiéndose casi instantáneamente por todo el dirigible mientras la estructura caía lentamente sobre los pasajeros que saltaban desde una altura de 15 metros y marinos que ayudaban en las maniobras. Quedó destruido por completo en menos de 40 segundos. Solo murieron 36 personas de las 97 que había a bordo, la mayoría de ellas murieron quemadas o aplastadas bajo la estructura.  Muchos de los tripulantes y pasajeros se salvaron gracias a la rotura de los depósitos de agua que cayó sobre ellos, salvándolos de las llamas.

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